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 Propiedad II

Extraigo del prólogo de un poemario propio esta vivencia del sentimiento a que apunta el título:

   En una tertulia literaria del Café Gijón de Madrid contó el autor una pequeña historia; o más bien el relato de una vivencia y el pensamiento que nació de ella.

Contemplando una gran roca en su jardín sintió de repente que esa roca no le pertenecía: su presencia allí por miles o decenas de miles de años contrastaba con la efímera del supuesto poseedor del jardín y su contenido. El observador comprendió claramente que era sólo apariencia la posesión de aquella roca; y su sentimiento se propagó enseguida al resto del jardín –arbustos, césped, farolas y bancos.

Esa mirada de renuncia se extendió luego por todas sus llamadas pertenencias hasta que corroyó como un ácido la noción misma de propiedad –todas quedaron como por encanto como liberadas de una capa gris, sus colores más vivos y hermosos. Quedó así el concepto de posesión como una ilusión más, patética también, de los hombres. Quizá incluso de los mismos animales, que luchan por el terreno, aunque probablemente sólo combatan por el dominio, no la propiedad, que parece ser así una entelequia específicamente humana. Conservó él sólo la pretensión, más modesta, de ser un guardés o un guardián de la roca, su protector por un tiempo, mientras se agotaba su propia presencia.

Quizá por esa nueva libertad y frescura antes citada, los pobladores del jardín, quienes al igual que los hombres y mujeres son más personas cuanto más libres, adquirieron, o más bien presentaron, un alma propia que les ha hecho hablar y sentir por sí mismos en estos poemas, sin necesidad de un narrador que oficie, explique y represente.

Pero ahora veo que ya traté el tema en propiedad.


Vuelta al Principio   Última actualización: Saturday, 15 de March de 2014    Visitantes: contador de visitas